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Miedos infantiles

¿Es normal el miedo de mi hijo? ¿Qué puedo hacer?

Estas son preguntas que los padres y madres se hacen con frecuencia al ver como sus hijos temen determinadas situaciones o contextos, pero su respuesta requiere de varias matizaciones y consideraciones.

miedos infantilesEn primer lugar, se hace indispensable preguntarnos en qué consiste ese “miedo”, y para ello debemos aprender a diferencia entre varios conceptos: miedo, ansiedad y fobia.

  • El miedo es la emoción que surge cuando nos encontramos inmersos en una situación que evaluamos como potencialmente peligrosa, en la que existe un riesgo real para nuestra integridad física o psíquica.
  • Por otro lado, la ansiedad es la respuesta que se produce cuando miramos hacia el futuro, es decir, cuando la situación que nos atemoriza no está sucediendo ahora mismo, sino que va a ocurrir o creemos que va a ocurrir.
  • Por último, una fobia es un excesivo miedo ante algo cuyo nivel de peligrosidad, o bien no existe, o bien es significativamente menor al miedo que nos produce. Imaginémonos para entenderlo el típico caso de fobia a las arañas o a las cucarachas. Una persona con fobia a este tipo de insectos, al verlos correrá, gritará, incluso llorará, pero si nos planteamos el daño real que pueden ocasionarle estos bichos nos daremos cuenta de que, si bien puede existir en el caso de las arañas venenosas, este riesgo es realmente bajo en comparación con su reacción.

¿Son malos el miedo y la ansiedad?

¿Ustedes qué creen? Imagínense por un momento que van paseando por el bosque y se topan con un lobo. El miedo les activaría y prepararía su cuerpo para la acción, para la huida. Esto le daría ventaja sobre otra persona que se encontrara muy relajada ante esa situación. El lobo se comería sin duda al último que empezara a correr así que, en esta ocasión, el miedo le habrá salvado la vida.

miedos infantilesOtra de las ventajas que tienen el miedo y la ansiedad es hacernos estar alerta para afrontar los retos o desafíos que puedan presentarse en una situación novedosa. Este hecho explicaría en gran parte los miedos adaptativos infantiles: por ejemplo el miedo a los extraños (habitual de los 0 a los 2 años), el miedo ante el primer día de escolarización, etc.

Concluyendo esta diferenciación, el miedo y la ansiedad, dentro de unos límites pueden ser, y de hecho son, adaptativos. ¿Es adaptativa una fobia? Definitivamente no.

Los miedos infantiles

Pues bien, centrándonos en el tema que nos ocupa, los miedos infantiles son un hecho inseparable del desarrollo del infante. Habitualmente estos miedos son adaptativos, es decir, les ayudan de manera importante en su desarrollo y, como si fueran una especie de andamios, desaparecen progresivamente cuando ya no son necesarios. Un ejemplo de estos miedos a lo largo del ciclo evolutivo serían los siguientes:

  • (0 a 2 años) la oscuridad, los animales, la separación de las figuras de apego.
  • (3 a 5 años) separación, daño físico, sujetos con vestimentas extrañas.
  • (6 a 8 años) seres imaginarios, soledad, tormentas, escuela.
  • (9 a 12 años) Relaciones personales, aspecto físico, muerte.

Como hemos dicho, lo esperable es que estos miedos desaparezcan por si solos progresivamente, pero en ocasiones, ciertos patrones de aprendizaje pueden propiciar que se perpetúen en el tiempo dando lugar a un cuadro clínico de ansiedad infantil.

Ciertas conductas como la sobreprotección pueden reducir las posibilidades de interacción del niño con el objeto, contexto o situación temida, lo que retrasará e incluso impedirá la habituación y consecuentemente, la pérdida del miedo.

Muy en esta línea está el hecho de reforzar conductas de evitación del objeto temido. Por ejemplo, el niño aparece en su habitación en medio de la noche porque le da miedo estar solo y usted le abraza, y le dice “no pasa nada, duerme aquí esta noche”, lo que en realidad le está diciendo es “muy bien, cuando algo te asuste no tienes que hacerle frente”. Sin duda su intención no es esa, y es realmente difícil no caer en esa respuesta, sin embargo, en ocasiones es preferible una situación desagradable a corto plazo si da lugar a beneficios a largo plazo.

 

¿Cómo actuar entonces?

La forma más efectiva de superar un miedo, tanto para los niños como para los adultos, es básicamente enfrentándose a él, pero si a los adultos nos cuesta un inmenso trabajo enfrentarnos a nuestros miedos aun a sabiendas de que es lo que debemos hacer para superarlo, cuánto más puede costarle a un niño que, en la mayoría de los casos, no tiene conocimiento de esta necesidad. Por este motivo, especialmente en el caso de los niños, nunca debe olvidarse que la aproximación al objeto o situación temida debe ser progresiva. Es decir, si el niño teme a la oscuridad podemos ir bajando la intensidad de la luz un poco cada noche con un regulador lumínico en lugar de obligarle a dormir de un día para otro con todas las luces apagadas.

miedos psicología infantilOtra cosa que no debemos olvidar es el reforzamiento o premio de las conductas de aproximación a lo temido y de los logros conseguidos. A la hora de reforzar las conductas de aproximación es conveniente tener claro que es precisamente eso lo que estamos haciendo, y no inhibir las respuestas contrarias, me explico. Por ejemplo, es habitual que cuando un niño se enfrenta a una situación temida le intenten reforzar diciendo “muy bien, los hombres no tienen miedo”; esta frase, además de ser de dudosa veracidad, lo que le está diciendo al niño en otras palabra es: “el esfuerzo que has hecho es lo normal, no tiene mérito porque por el solo hecho de ser un hombre ya deberías poder hacerlo”. Es importante siempre valorar el esfuerzo del niño en primer lugar, por ejemplo: “Muy bien, estoy muy orgulloso del esfuerzo que has hecho”, “eres muy valiente por enfrentarte a eso que tanto temías”, etc.

Otra técnica que también podemos utilizar es el llamado “modelado”. Este no es otra cosa que mostrarnos como modelos que afrontan sin miedo lo temido por el niño. Se han realizado estudios donde se muestra claramente la influencia de la conducta de los padres en los miedos infantiles, de tal modo que si nos ven afrontando ciertas situaciones con miedo, irán asimilando progresivamente que estas son peligrosas y en caso contrario, cuando nos ven afrontándolas seguros y sin miedo les estaremos mandando el mensaje de que “no hay nada que temer”, lo que facilitará que el niño se exponga a esa situación y le pierda el miedo.

En cualquier caso, estas consideraciones deben tenerse en cuenta en el hogar cuando estamos hablando de prevenir la complicación de miedos evolutivos. Cuando el problema constituye una fobia, o una ansiedad o miedo excesivos, lo más recomendable siempre será solicitar orientación a un profesional de la Psicología Infantil.

 

Psicólogo Juan José PérezJuan José Pérez Martín
Psicólogo Sanitario

Psicología Centro (Vélez-Málaga)

 

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